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Queso, barrio y tradición

Fugazzeta Fest en La Boca: pizza, historia y murga en la primera edición

Sábado 23 de mayo · Dr. del Valle Iberlucea 1001, La Boca · Buenos Aires

Entre las 12 y las 18 horas, el barrio de La Boca se transformó en uno de los puntos más convocantes de la Ciudad con la primera edición de la Fugazzeta Fest.

UL
Úrsula Lombardo
Mayo 2026
· Gastronomía La Boca Crónica

Desde el mediodía, cientos de personas comenzaron a llegar a la calle Dr. Valle Iberlucea 1001, atraídas por una combinación difícil de rechazar: pizza, historia, música y uno de los paisajes urbanos más emblemáticos de Buenos Aires. El clima acompañó durante toda la jornada. El sol iluminaba las fachadas coloridas y los murales típicos del barrio, mientras una brisa suave hacía más agradable el recorrido por las calles llenas de turistas, familias y fanáticos de la gastronomía porteña.

A pocas cuadras de La Bombonera y a tres de Caminito, el festival se integraba perfectamente al movimiento turístico de la zona. Quienes caminaban por allí podían escuchar distintos idiomas mezclados con el ruido de los murmullos, los pedidos en los stands y la música que sonaba de fondo. El aroma a mozzarella derretida, cebolla caramelizada y masa recién salida del horno se sentía desde varias cuadras antes de llegar al predio.

Pizza con memoria

Entre los puestos decorados con banderines, carteles, pizarras escritas a mano y cuadros con fotografías históricas de antiguos vendedores de fugazza y fainá, aparecían datos que conectaban el festival con los orígenes italianos del barrio. Uno de los más comentados hacía referencia a 1865, cuando un inmigrante genovés llamado Luigi recorría las calles de La Boca vendiendo fugazza y fainá por cinco centavos la porción, siendo recordado como uno de los primeros "faineros" de la zona.

Esa mezcla entre memoria histórica y gastronomía actual era justamente uno de los ejes del evento: homenajear un plato que forma parte de la identidad cultural porteña. Según relevamientos de la Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de la República Argentina (APYCE), Buenos Aires cuenta con más de mil pizzerías distribuidas en toda la ciudad, consolidándose como una de las capitales gastronómicas de la pizza en América Latina.

Entre las pizzerías participantes se encontraban Fugazi, Burgio, Pizza Zen, Fare y Gino el Capo, cada una con su propia versión del clásico plato porteño. Algunas ofrecían fugazzetas rellenas con cantidades abundantes de queso que desbordaban al cortarlas; otras apostaban por versiones más crocantes o con cebollas caramelizadas.

El éxito y sus sombras

El predio contaba con sectores diferenciados, baños señalizados y un escenario en el exterior donde durante toda la tarde hubo música y espectáculos en vivo. Personal de organización recorría constantemente el lugar guiando a los asistentes. La convocatoria fue tan importante que medios como Crónica TV y El Trece estuvieron presentes realizando coberturas en vivo.

Sin embargo, el éxito también dejó algunas críticas. Cerca de las dos de la tarde, varios stands comenzaron a quedarse sin fugazzeta debido a la alta demanda.

"Hicimos casi cuarenta minutos de cola y cuando llegamos ya no tenían nada."

— Visitante decepcionada

"La idea está buenísima, pero tendrían que haber calculado más cantidad porque muchísima gente se quedó sin probar."

— Otro visitante

La falta de lugares para sentarse también fue uno de los reclamos más repetidos. Muchas familias debían comer paradas o buscar espacio en el piso del patio exterior. A pesar de eso, el ambiente general continuó siendo festivo.

La murga: el momento del día

Cerca de las tres de la tarde llegó uno de los momentos más celebrados de toda la jornada: una murga irrumpió en las calles de La Boca con bombos, redoblantes y platillos que hicieron vibrar cada rincón del festival. Vestidos con trajes brillantes cargados de lentejuelas, galeras coloridas y banderas agitadas en el aire, mujeres, hombres y niños avanzaban bailando coordinadamente entre el público con una energía contagiosa. Los espectadores se acercaban, algunos levantaban sus celulares para grabar el espectáculo, mientras otros acompañaban con palmas, silbidos y sonrisas.

Con el correr de las horas, el sol comenzó a bajar lentamente sobre los conventillos y las fachadas coloridas del barrio. Poco a poco, el festival comenzó a apagarse junto con el atardecer, dejando detrás una tarde atravesada por la gastronomía, la cultura popular y el movimiento constante de un barrio que volvió a convertirse en el centro de encuentro de miles de personas.

UL
Úrsula Lombardo
Redactora · Modo Feria BA

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